Nuestra Confesión de Fe.

Como iglesia, no partimos de cero ni caminamos solos. Nos situamos dentro de la gran tradición reformada histórica, afirmando que la fe que hoy confesamos no es una novedad, sino la misma fe “una vez dada a los santos” (Judas 1:3), fielmente resumida y transmitida a lo largo de los siglos.

Por ello, nuestra base doctrinal se encuentra en la Confesión de Fe de Westminster, junto con sus catecismos, el Catecismo Mayor y el Catecismo Menor de Westminster. Estos documentos no sustituyen a las Escrituras, sino que sirven como una exposición fiel, sistemática y pastoral de las doctrinas bíblicas. En ellos encontramos una teología profundamente centrada en la gloria de Dios, la suficiencia de Cristo y la obra soberana de la gracia en la salvación del pecador.

La Confesión de Fe de Westminster nos proporciona una estructura doctrinal sólida desde la revelación y la autoridad de la Palabra, hasta la comprensión del pacto, la justificación por la fe, la santificación y la vida de la iglesia. Los catecismos, por su parte, nos ayudan a llevar esa verdad al corazón y a la vida diaria, formando discípulos que no solo conocen la verdad, sino que la aman, la viven y la enseñan a la siguiente generación.

Junto a esta herencia reformada, afirmamos también el compromiso misionero expresado en el Pacto de Lausana. Este documento nos recuerda que la iglesia no existe para sí misma, sino para la gloria de Dios en la proclamación del Evangelio a todas las naciones. Nos llama a mantener un equilibrio bíblico entre la fidelidad doctrinal y la urgencia de la evangelización, entre la profundidad teológica y el compromiso con el mundo que necesita a Cristo.

Así, nuestra confesión de fe no es simplemente un conjunto de doctrinas que afirmamos intelectualmente, sino una convicción viva que da forma a todo lo que somos y hacemos, cómo predicamos, cómo adoramos, cómo discipulamos y cómo servimos. Creemos que una iglesia arraigada en la verdad será también una iglesia firme, saludable y fructífera.

En un tiempo donde las convicciones cambian con facilidad, afirmamos con humildad y determinación que la Palabra de Dios permanece para siempre, y que estas confesiones históricas siguen siendo hoy un instrumento fiel para guardar, enseñar y proclamar el glorioso Evangelio de Jesucristo.


Soli Deo Gloria