
La historia de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de España (IEPE) no puede entenderse únicamente como el crecimiento de una denominación protestante más en nuestro país. Es, sobre todo, la historia de cómo el Señor ha sostenido y extendido el testimonio del Evangelio en una tierra marcada durante siglos por profundas tensiones religiosas, pero también por una creciente necesidad de redescubrir la centralidad de Cristo y la autoridad de Su Palabra.
El presbiterianismo hunde sus raíces en la Reforma Protestante del siglo XVI, especialmente en la obra de reformadores como Juan Calvino y John Knox. Desde sus comienzos, el movimiento presbiteriano defendió la supremacía de las Escrituras, la salvación por gracia mediante la fe en Cristo y un modelo de gobierno eclesiástico basado en ancianos o presbíteros.

Aunque España vivió durante siglos alejada del desarrollo abierto del protestantismo europeo, el Señor siguió preservando un remanente fiel y levantando testimonio evangélico a lo largo del tiempo. Ya en el siglo XIX comenzaron a surgir iglesias reformadas y evangélicas en distintas regiones del país, favorecidas por una mayor apertura religiosa tras la Revolución de 1868.
Sin embargo, la historia concreta de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de España comienza oficialmente a finales del siglo XX. En 1989, la Agencia Presbiteriana de Misiones Transculturales (APMT) de la Iglesia Presbiteriana de Brasil (IPB) inició una obra misionera en la ciudad de Huelva bajo el ministerio del Pr. Hugo Vivas, y su esposa, Fátima. Aquella pequeña semilla plantada con oración, perseverancia y amor por el Evangelio acabaría convirtiéndose en una red de iglesias reformadas extendidas por distintas regiones de España.

Desde entonces, la expansión de la obra ha estado marcada por la plantación de nuevas congregaciones, el discípulado bíblico y la formación de líderes comprometidos con la fe reformada histórica. Andalucía tuvo un papel especialmente importante en este crecimiento inicial. En mayo de 2005, el Pr. Everton y su esposa Nayra plantaron la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Sevilla (IEPS), y posteriormente, a medida que diferentes misioneros de la IPB iban llegando, surgieron congregaciones en distintas ciudades del país.
Así, diferentes iglesias locales empezaron a reunirse en diversas ciudades de España como: Huelva, Sevilla, Guillena, Don Benito, Getafe, Madrid, Torrejón de Ardoz, A Coruña, Los Santos de Maimona, Granada, Alhaurín el Grande, Cáceres, Almería y Málaga. Este crecimiento geográfico refleja no solo una expansión en términos de organización, sino el fruto del Evangelio obrando en vidas y comunidades concretas a lo largo del territorio español.

La identidad doctrinal de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de España se encuentra firmemente arraigada en la tradición reformada confesional. La denominación sostiene firmemente las Cinco Solas, es decir, los cinco principios de la Reforma Protestante: Sola Scriptura, Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus y Soli Deo Gloria, a su vez, reconoce como estándares doctrinales la Confesión de Fe de Westminster y sus dos Catecismos, el Mayor y el Menor.
Pero más allá de estructuras o confesiones históricas, el corazón de esta historia es profundamente espiritual. La IEPE ha buscado proclamar el Evangelio de Jesucristo con fidelidad bíblica, reverencia en la adoración y compromiso pastoral. En un contexto cultural cada vez más secularizado, la Iglesia del Señor se mantiene firme en la convicción de que la esperanza del ser humano no se encuentra en ideologías, tradiciones o emociones pasajeras, sino únicamente en Cristo crucificado y resucitado.

Hoy, la Iglesia Evangélica Presbiteriana de España continúa creciendo y sirviendo en diferentes comunidades autónomas, manteniendo relaciones fraternales con iglesias reformadas de otros países y participando activamente en la extensión del Reino de Dios.
Lo que comenzó con una pequeña obra misionera en Andalucía se ha convertido, por la gracia del Señor, en un testimonio vivo dentro del panorama evangélico español. Nuestra oración es que las futuras generaciones proclamen, en España y hasta los confines de la tierra, las gloriosas verdades del Evangelio, que Cristo reina, que Su Palabra permanece para siempre y que la Iglesia pertenece únicamente a Él.
Soli Deo Gloria