En qué creemos

En la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Sevilla creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, inspirada, suficiente y la única autoridad suprema de fe y práctica (2 Timoteo 3:16-17, 2 Pedro 1:20-21, Isaías 40:8). 

Confesamos que hay un solo Dios, eterno y soberano, que existe en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Deuteronomio 6:4, Mateo 28:19, 2 Corintios 13:14).

Creemos que el ser humano fue creado a imagen de Dios, pero cayó en pecado, quedando separado de Él (Génesis 1:27, Génesis 3:1-7, Romanos 3:23). Por eso afirmamos que la salvación es únicamente por gracia, mediante la fe en Jesucristo (Efesios 2:8-9), quien vivió sin pecado (Hebreos 4:15), murió en la cruz como sustituto por nuestros pecados (1 Pedro 2:24, Romanos 5:8) y resucitó para darnos vida eterna (1 Corintios 15:3–4). 

Creemos firmemente que no hay salvación fuera de Cristo (Hechos 4:12, Juan 14:6).

Sostenemos que Dios, en su soberanía, llama a un pueblo para sí (Efesios 1:4-5, Romanos 8:29-30), y que el Espíritu Santo obra en el corazón del creyente produciendo una vida nueva, transformada y en crecimiento en santidad (Juan 3:5-6, Gálatas 5:22-23). La iglesia es el pueblo de Dios, la comunidad de los redimidos, llamada a adorar a Dios, edificar a los creyentes y anunciar el Evangelio al mundo (Hechos 2:42, Mateo 28:19-20, 1 Pedro 2:9).

Practicamos un gobierno presbiteriano, dirigido por ancianos conforme a las Escrituras (Hechos 14:23, Tito 1:5), y celebramos los sacramentos instituidos por Cristo: el bautismo y la Cena del Señor (Mateo 28:19, 1 Corintios 11:23-26). Nuestra doctrina está fielmente resumida en la Confesión de Fe de Westminster y sus catecismos.

Finalmente, vivimos con la esperanza del regreso de Cristo por segunda vez, la resurrección de los muertos y la consumación del Reino de Dios (1 Tesalonicenses 4:16-17, Apocalipsis 21:1-4), cuando Él será glorificado por siempre. 

Mientras tanto, existimos para glorificar a Dios y disfrutar de su presencia (1 Corintios 10:31, Romanos 11:36), proclamando fielmente el Evangelio en Sevilla y hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8).


Soli Deo Gloria