
La membresía es la expresión visible del compromiso del creyente con una iglesia local, donde vive en comunión con otros hermanos, participa activamente en la vida de la iglesia y se somete al cuidado pastoral. Ser miembro no es solo pertenecer, sino caminar juntos en fe, amor y responsabilidad mutua.
Como miembros, somos llamados a edificarnos unos a otros, servir con nuestros dones y perseverar en la verdad del Evangelio. La iglesia no es una reunión ocasional, sino una familia espiritual donde cada uno cumple su función.
“Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”
(1 Corintios 12:27)